Pecho henchido de monóxido y suspiros contenidos; apaga con
concentrada precisión y un tanto de sadismo aquel cigarrillo; aquel último a
mano que la había silenciosamente arrebatado unos –para ella insignificantes – minutos de vida, mientras el humo danzaba
frente a sus ojos un vals delirante. Espira sincopadamente haciendo una mueca
tosca en los labios; un ritual interno de despedida a los pensamientos
calcinados, cortesía de aquel pabilo.
“Un año” se
dice a ella misma, entre dientes, como quien responde una pregunta incómoda por
obligación. "Un año desde que decidí prescindir de mi sucia inocencia, desde que me dí cuenta de que me acompañó como cáncer silencioso por demasiado tiempo. Es hora de pecar. Que ahora venga el buen sufrir."

No hay comentarios:
Publicar un comentario