Sos uno de los pecados más deliciosos que cometí.
Me encantaron esas noches en las que nos escabullíamos para hacer el amor, esos días en los que nos hablábamos con picardía en la mirada, con un poco de miedo en el corazón pero con tanta inocencia en las palabras…y esas veces en las que “sin hacerlo adrede” poníamos las canciones perfectas para besarnos. Recuerdo esas tardes en las que nos pasábamos conversando por horas de todo y nada a la vez; y nos sincerábamos con respecto a nuestros temores…esos de perder el control y de vernos envueltos en algo más abrumante que la sensación que nos abrazó la primera vez que decidimos tocarnos. Ya lo sabes, no podíamos darnos el lujo de que eso sucediera, éramos amigos… Y desde el primer momento dijimos que no permitiríamos que eso interfiriese en nuestra amistad. Y puedo jurarte que eso era tan excitante. Era esconder un secreto ante los demás, era la incertidumbre al escoger el siguiente paso que íbamos a dar, era fantasear con lo que te iba a hacer la próxima vez que iríamos a estar encerrados en ese cuarto lleno de susurros y humo, era conocer nuestros puntos exactos y matarnos de placer infinito. ¡Por dios, que locos estábamos! ¿Te acordás cuantas veces estuvimos a punto de ser descubiertos? ¿Y como nos divertíamos negando las sospechas de los demás? Me causa tanta gracia recordar eso y a veces, solo a veces, hasta lo añoro y puedo decirte que no me arrepiento que nada de eso haya pasado… pero no me arrepiento que haya terminado. Me entregaste mucha magia, mucha pasión, mucho misterio, tanta tierna locura, cosas en las que pensar y con todo eso pude cerrar mi ciclo contigo. Y sé que vos también lo hiciste, sé que soy el pecado mas delicioso que pudiste cometer.
(confesiones de una santa maria non-sancta - 2009)

No hay comentarios:
Publicar un comentario