Extraño tanto el verano pasado, debo admitirlo: Soy de esas que suelen quedarse flotando entre recuerdos de cosas que eran y que no fueron. Busco de vuelta la emoción que tanto me inundó en un momento pasado cuando ahora faltan recursos para sentir la misma alegría de ese entonces.
Es que me encantan las promesas, lo más probable es que por esa razón tanto me tachen de fantasiosa y hasta de masoquista sentimental. Pero me gusta pretender que todo va a salir a favor de la felicidad (alguna vez debe hacerlo).
Extraño como me miraba con sorpresa, como si encontraba en mis ojos una rendija por la que podía descubrir parte mi alma. Yo nunca desnudé mi alma a nadie. Creo que no la había desnudado ni ante mi misma. Extraño esas noches de insomnio agradecido, entre humo y besos, de las cuales nunca quería despedirme. Y los amaneceres que fatidicamente llegaban, a pesar de tener un sabor agridulce por la partida de el, parecían suceder dentro de mi.
Extraño ver su mas sincera sonrisa al verme con el maquillaje todo corrido, sus dedos pasando entre el embrollo de mis cabellos, esas palabras tan hermosas que mucitaba a mi espíritu.
Extraño verme en el como en un espejo. Y es natural, todo eso pasa. El éxtasis no dura tanto. Pero como me enamoré de el, me enamoré de ese estado de insanidad mágica que trajo con él.
De cualquier modo, estoy acá. Y el verano pasado ya pasó. Y este verano seguirá pasando, y también lo hará el siguiente...dejando más rastros para el futuro. Habrán más veranos que descubrir (AMÉN), y más veranos que extrañar. Pero... lo tengo a el. Me tengo a mí. Y es todo lo que necesito. Ya no quiero más escribir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario